jueves, 8 de diciembre de 2011

Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

Sí, quizás suene a tópico... pero es así, "UNO NO SABE REALMENTE LO QUE TIENE, HASTA QUE LO PIERDE". Y será que no le he oído las veces suficientes como para que se me quede grabado a fuego en la cabeza... ¡sólo me faltaba vivirlo en mis propias carnes para llegar a entenderlo! 
Y no sabes lo mucho que duele el simple hecho de pensar que le tuve ahí, la mayor parte del tiempo, a mi lado. Indirectas demasiado directas, tonteos, sonrisas, abrazos en público, montones y montones de palabras bonitas... Sí, sin lugar a dudas duele pensar que tuve TODO ESO Y MÁS... ¡y por tonta, lo dejé escapar! 
Supongo que estaba austada, que tenía miedo, porque llegué a tal punto que ni yo misma podía controlar mis propios sentimientos... los que ni siquiera llegaba a entender del todo. Era escuchar su voz, y que empezara a temblarme la mía, mirarle a los ojos, y hacer un esfuerzo enorme para lanzarte la mirada más imparcial que tuviera en ese momento o las contestaciones más tajantes que me salieran por impulso; supongo que no estaba preparada para ello, que simplemente no era mi momento. 
Pudo haber sido lo más bonito que me podría haber pasado en toda mi vida... y ahora tan sólo forma parte de mis recuerdos, es una de tantas y tantas hojas más por archivar en mi libro de amores imposibles... ¡y para una vez que me veía optimista!

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